sábado, 4 de marzo de 2017

*La conjura* *Todo ello oculto en los pliegues de un mensaje engañoso de que todo cuanto hacen las potencias occidentales está destinado a preservar la democracia*

*Vicente Rangel*
    
 1.- Pocas naciones en el mundo han padecido los rigores de un ataque tan feroz, orquestado por diversos factores -tanto nacionales como internacionales-, como el que actualmente existe contra Venezuela. Hay antecedentes. El de la Guatemala de Arbenz, invadida en medio de una brutal campaña mediática. El de Chile, cuando la administración norteamericana de Richard Nixon se trazó como objetivo, en alianza con la derecha y la democracia cristiana de ese país, el derrocamiento del presidente constitucional Salvador Allende. El formato fue igual al que ahora se aplica a Venezuela. La distorsión deliberada de la realidad; la existencia de un gobierno "comunista", cercenador de la libertad de expresión, represivo, que obligó a preservar la democracia en peligro mediante la subversión cotidiana que condujo al cruento golpe de Pinochet y a una dictadura de 18 años.

2.- Hay otros ejemplos en el mundo con características similares y con las variantes que imponen los nuevos tiempos. La acción bélica ordenada por Bush contra Irak, montada sobre la infamia de que el gobierno de esa nación disponía de armas de destrucción masiva. El resultado fue la destrucción física del país y la muerte de miles y miles de seres humanos. Lo mismo pasó con Libia y con Siria. Todo ello oculto en los pliegues de un mensaje engañoso de que todo cuanto hacen las potencias occidentales está destinado a preservar la democracia. Los medios cumplieron a cabalidad, en cada uno de estos casos, el papel de difusores de la mentira, de la adulteración de la realidad y, por supuesto, del engaño de la opinión pública.

3.- La historia se repite con Venezuela, pero con más agresividad y salvajismo. El cerco de mentiras; el falseamiento de los hechos. La acusación a un gobierno legítimo de violentar el orden democrático y afectar los derechos humanos por el hecho de responder, en el marco de la ley, los intentos para derrocarlo. Negando las grandes conquistas sociales del pueblo venezolano durante la revolución bolivariana; ignorando la guerra económica instaurada contra el país por la oligarquía y poderosos grupos económicos. Utilizando con descaro los medios de comunicación nacionales y extranjeros. Y como suele suceder en estas circunstancias, organizando una alianza internacional de mandatarios y exmandatarios convertidos en voceros de las vilezas que promueve una oposición que se refugia, dadas sus carencias orgánicas e incapacidad para convertirse en opción democrática, en un escenario controlado y dirigido por Washington.

4.- La conjura está montada con infinitos recursos. Y está en marcha. La tarea en Estados Unidos no depende de quién esté en la Casa Blanca, porque como lo demuestran los acontecimientos, da igual que esté un presidente demócrata, tipo Obama, o un republicano como Trump. El trabajo sucio ha sido planificado y lo ejecuta una burocracia con suficiente experiencia en meter la mano en el albañal de la política. Concertada con una oposición sin sentido de patria, que solo espera que desembarque el primer infante de marina para ofrecérsele. Ahora bien, están equivocados los que piensan que nada extraño pasará, y también los que imaginan que derrocar el gobierno constitucional, democrático, bolivariano y chavista es algo relativamente sencillo. Amanecerá y veremos.



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